Que oigan todos: NO nos callamos Nunca Más
noviembre 27, 2009 at 4:59 pm hastalavictoriasiempre Deja un comentario
Mejor imposible este final. De película, pero real. Un cierre de lujo, como si hubiera estado todo preparado para terminar a todo trapo este tercer año de la Liga Barrial de Fútbol Popular. Tres años cumplidos, celebrados en la acción, en el trabajo, en el hacer mancomunado de todos los vecinos de todos los barrios. Tres años coronados por la presencia de tres nuevos barrios en la última jornada del año. Tres barrios orgullosos de comenzar a ser parte, pero sobre todo, entusiasmados con empezar a hacer su parte.

Beccar, la Villa 21/24 y… y… y muchos barrios representados en uno. Para ser más ilustrativos conviene enumerar: Constitución, La Boca, San Telmo, Once, Caballito, Microcentro, Balvanera, Monserrat, San Nicolás, Retiro, Barracas, San Cristóbal…. Podemos decir somos de todos los barrios. Pibes y pibas que vivimos en la calle y desde hace un par de meses decidimos empezar a juntarnos todas las semanas en un mismo lugar. Y decidimos hacerlo en ronda, para charlar de los cientos, de los miles, de los constantes problemas con los que convivimos. Pibes y pibas que hoy tenemos nuestro espacio, que lo sentimos nuestro, porque es nuestro. Y lo cuidamos como a pocas cosas y lo disfrutamos como el primer día que la pelota comenzó a rodar en el pasto. Y lo aprovechamos a más no poder. Y decidimos entrenar bajo la lluvia porque la invitación a la última jornada de la Liga Barrial así lo merece. Y no faltamos nunca y corremos como nunca. Y llueve más fuerte, y más intenso, pero estamos acostumbrados a estar a la intemperie. Nosotros junto a nuestros derechos. Todos mojados. Por la lluvia y por el llanto que nos los provoca un Estado porteño ausente, pero que siempre mantiene una línea de trabajo. Si hay algo que es imposible de cuestionarle es la uniformidad con la que trabaja en la niñez y la adolescencia (y etcétera): no está nunca.
Ante tanta liviandad, ante tanta desidia por parte de quienes tienen la obligación de trabajar para el cumplimiento de los derechos de la sociedad toda, los pibes y pibas de la calle, desamparados, invisibles cual fantasmas, redoblamos nuestro esfuerzo para llegar bien anímicamente al encuentro barrial: “¿Hay talleres de baile? ¿Y la comida es re-piola? ¿Y hay buenos equipos? ¿Y hacen ronda como nosotros? ¿Y hay una ronda grande?”. Se torna imposible concentrarse en un partido de fútbol, aunque sea popular, aunque sea con amigos, mate de por medio, cuando se está tan cansado de intentar una y otra vez caminar sobre el esquema rígido y escaso que prevé el estado de la Ciudad de Buenos Aires cuando de efectivizar los derechos se trata. Y encima se nos pide la coherencia que no tienen nuestros legisladores: 21 años cumplidos para salir del país; 18 años para ir a una guerra; 16 ó 14 la edad de imputabilidad. Coherencia que no tiene el mismísimo gobierno porteño votado por el 70% del padrón de la ciudad de Buenos Aires, cuando sus dispositivos de contención de los pibes nos dejan a la deriva, a pibes de 17, de 15, de 13, de 11 años y menos también. Cuando nos obligan, a los nenes que muchas veces no llegamos a una década de vida ¡menos de diez años! a que debamos ir solos al lugar que nos albergue por una mísera noche, ya que a la mañana siguiente, el destino otra vez es la calle. Cuánto desamparo, cuánta incoherencia junta de los personeros del Estado.
Los pibes, las pibas, los nenes, las nenas, empezamos ganando desde temprano cuando decidimos que no íbamos a separarnos como los demás barrios que participamos del encuentro barrial. Fuimos quince, de diferentes edades, con el deseo de compartir la cancha, los talleres, la comida todos juntos, sin división alguna. Si estuvimos juntos, si nos fortalecimos aún más cuando el camioncito blanco de la UCEP, la Unidad de Control de Espacios Públicos del Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, supuestamente recientemente disuelta, una y otra vez nos pegó, nos robó, nos hirió, nos maltrató, nos avergonzó, nos hizo más mierda. Nos deshumanizó con su terrorismo de Estado. Entonces cómo querer separarnos si de compartir un día, de otra vida se trata. Y ganamos desde temprano cuando nos pusimos de acuerdo en recibir con aplausos a nuestros acompañantes de micro de la Villa 1-11-14, del barrio Charrúas, y quedamos perplejos y reímos todos cuando la mayoría de los nuevos compañeros no llegaban al metro y medio de altura, vestían de rosa y tenían trencitas.
En la cancha seguimos ganando, ganando y ganando, aunque hayamos perdido, perdido y perdido. La primera ronda en el inicio del primer partido con Zavaleta nos mostró entusiasmadísimos y hablando sobre las reglas, y sobre nuestra vida. ¡No calles! Decíamos uno a otro, ¡No callemos!, alentábamos entre todos. También hablamos en la cancha y con tres golazos nos pusimos en ventaja, pero más hablamos con la lealtad no pegando ni una sola patada, aplaudiendo al ganador al término del partido y felicitándolos por ser un gran equipo, cuando Zavaleta mostró toda su jerarquía trabajada en los más de cinco años de jugar al Fútbol Popular y dio vuelta el partido ganando 12 a 3. Luego llegó el encuentro con los chicos de Tigre con quienes nos entendimos de entrada y gestamos una muy linda relación. Perdimos 7 a 3. ¿Perdimos? No, ganamos compañeros con los que en la ronda final soñamos juntos un amistoso para seguir charlando, conociéndonos, soñando un futuro mejor.
Llegó el almuerzo, luego el taller de baile, el tercer partido en el que otra vez hicimos menos goles que el equipo de enfrente. La alegría por ser parte, por tener un espacio propio no dejó entrar ninguna bronca por un encuentro perdido en la cancha; ganado en todo lo demás. Qué algarabía esa ducha reparadora y refrescante. Qué puñal, que cachetazo de realidad ver tanta sonrisa después de lo que pareciese un simple baño. Los escasos e ineficientes dispositivos para albergar a chicos en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires juegan, parecen divertirse con los derechos de los niños y adolescentes. Nuestros derechos. Y nos cierran la puerta ante el primer mal comportamiento. Y nos cierran las puertas, nos ponen un candado a los cientos de corazones que deambulamos por las calles. Y nos cierran las puertas, a nosotros, pibes de la calle, los más castigados, los más olvidados. Y nos cierran las puertas a un plato de comida, a un colchón, a un techo, a una vida digna.
Con el fútbol popular como excusa de encuentro entre distintos barrios, con los talleres de teatro, baile, fútbol playa, artesanías, de derecho, de títeres, pusimos fin a la última jornada del 2009 de la Liga Barrial de Fútbol Popular. Todavía queda el cierre de fin de año, con la entrega de premios a todos los campeones de las distintas categorías. Tres años cumplidos con el trabajo voluntario de todos los barrios. Tres años construyendo poder popular sin un nombre propio, desde el anonimato, para que el rédito no se lo lleve ninguna persona en particular, sino sólo nuestros barrios. Este final tuvo la ronda más grande desde el inicio de estas jornadas de encuentro. Fue gigante. Hablamos un referente de cada uno de los barrios presentes que conformamos este colectivo. Tantas voces como nunca antes. Hablamos la Villa 31 (Los Pumas y Mugica), Boulogne, la Villa 1-11-14 (Charrúas), Tigre y Zavaleta. Y también a los que fuimos por primera vez, Beccar, la Villa 21/24 y, en la representatividad de un montón de barrios más, uno de los que hoy vivimos en la calle habló: “Nosotros queremos agradecer por cómo nos recibieron y nos aceptaron y felicitarlos por lo que conocimos hoy. Queremos respetar y que nos respeten. Gracias a todos”, dijo seguro y contento. Contento porque uno fue la voz de todos. Seguro de hablar, de contar, de sentir. ¡No calles!, alentamos entre amigos para darle el envión necesario a que diga unas palabras. ¡No calles para nadie, ni chicos ni grandes! No callemos, nunca más.
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